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Arpilleras
Por Lorna Dillon y Erika Silva

  

Las arpilleristas chilenas son las tejedoras mas reconocidas en América Latina. Una arpillera es una obra de arte, formada por apliques o bordados sobre un fondo de tela de saco. La palabra arpillera es un término español, que originalmente se refiere a la tela de tejido grueso que se usa para el arpillera. En el Reino Unido, el yute es el material que se ha utilizado tradicionalmente para este fin. En los Estados Unidos, el término arpillera se utiliza para describir este tipo de material. Esta tela estaba comúnmente disponible en las décadas de 1960 y 1970 y algunos artistas la utilizaron como material de respaldo para el arte textil. La artista chilena Violeta Parra (n. 1917, m. 1967), por ejemplo, a veces utilizaba yute como material de respaldo para atrevidos bordados de lana. Los bordados de Parra (a menudo denominados arpilleras) eran un híbrido artístico, que mezclaba los temas convencionales del arte elevado (escenas históricas, religiosas y domésticas) con la estética rústica de la costura.

  

En 1973 el gobierno chileno fue derrocado en un golpe militar y esto condujo a los dieciséis años de dictadura. Durante la dictadura se persiguió a la gente de izquierda. 3200 personas fueron asesinadas o desaparecidas por la dictadura. En algunos pueblos las familias de los desaparecidos empezaron a hacer tejidos sobre su experiencia de vivir bajo la dictadura. Estos tejidos también se conocían como arpilleras. Fueron exportados por la Iglesia y vendidos al extranjero para generar ingresos para las comunidades. La mayoría de las personas que crearon estas arpilleras eran mujeres. Se les conoció como arpilleristas. Composicionalmente las arpilleras son muy sencillas: representan escenas de la vida cotidiana y suelen incluir figuras de tela o diminutos muñecos de tela, casas, montañas y signos de paz, como la paloma. A primera vista, las arpilleras originales parecen haber sido hechas por niños. Sin embargo, también son obras de arte narrativo, y sus sencillas composiciones a menudo detallan abusos a los derechos humanos como desapariciones y torturas, así como otros ejemplos de las penurias vividas bajo la dictadura. Algunas de las arpilleras originales contenían bolsillos. Los arpilleristas escribían notas a mano y las metían en esos bolsillos. Muchos chilenos se exiliaron durante la dictadura y algunos de ellos también hicieron arpilleras como regalo para amigos o como una forma colaborativa de expresar la experiencia del exilio.

 

 Después de la dictadura, la tradición arpillera continuó y los arpilleristas continuaron haciendo campaña por sus seres queridos desaparecidos. Arpilleristas individuales como Victoria Díaz se hicieron famosos por su trabajo. A finales del siglo XX, algunas de las arpilleras se volvieron menos políticas y más decorativas. La tradición continúa en el siglo XXI. Grupos como Memorarte, liderado por Erika Silva y arpilleristas individuales como Cecilia Imaña, continúan usando la forma de arte como una forma de hacer campaña en una variedad de temas de justicia social.

  

Textiles Testimoniales Colombianos

 

Por Lorna Dillon e Isabel González Arango

 

Colombia tiene una rica historia de productos de fibra artesanales, pero fue solo en la segunda mitad del siglo XX que el arte textil colombiano comenzó a incluirse en la historia del arte del país. Esta inclusión fue gracias al desarrollo de la industria textil, al reconocimiento de artistas como Olga de Amaral, Marlene Hoffmann y Graciela Samper, así como al interés académico, que condujo, a finales de la década de los 70, al desarrollo de programas universitarios especializados en textil. diseño. Estos cursos pusieron el arte textil en diálogo con la arquitectura y las tradiciones textiles artesanales.

 

Sin embargo, hay un fenómeno en la historia del arte textil colombiano que es particularmente notable y que diferencia el arte del país del arte de otras regiones. Este fenómeno es la proliferación de grupos comunitarios de costura que utilizan el arte de la tela para narrar, documentar, denunciar y sanar su experiencia del conflicto armado en Colombia.

  

El conflicto armado colombiano es complejo, por la pluralidad de actores históricos; las circunstancias que rodearon su origen y trayectoria, y el hecho de que más de 70 años de enfrentamiento armado -con diversos acuerdos de paz- ha dejado 48.000 desaparecidos; más de 270.000 personas murieron y casi ocho millones de personas fueron desplazadas. En todo el país, individuos y grupos de personas utilizan el arte textil como una forma de narrar sus vivencias del conflicto. Los bordados, edredones, pancartas y aplicaciones que crean se llevan a los espacios públicos de diferentes formas. A veces forman parte de campañas por el derecho a la verdad, la justicia, las reparaciones y el alto el fuego, y en ocasiones se utilizan en exposiciones de museos. También se utilizan en eventos de impacto político, como conmemoraciones o ceremonias en las que los signatarios de la paz asumen la responsabilidad de algunas de las atrocidades del conflicto.

  

Se estima que hay alrededor de 48 grupos comunitarios de costura en el país.

Memorarte. 2017. Extract from the embroidery Alegoría a Violeta Parra. Photo by Marcelo Aragonese

Grupo de Artesanías Choibá. 2003. Telón Choibá Atrateño Photograph from the Colombian Digital Archive of Testimonial Textiles