Grupo de Artesanías Choibá. 2003. Telón Choibá Atrateño Fotografía del Archivo Digital Colombiano de Textiles Testimoniales 

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Arpilleras

Por Lorna Dillon y Erika Silva

Uno de los géneros de arte textil más reconocidos en América Latina es la arpillera chilena. Una arpillera es una obra de arte, formada por apliques o bordados sobre un fondo de tela de saco. La palabra arpillera es un término español, que originalmente se refiere a la tela tejida tosca que se usa para arpillera. En el Reino Unido el yute es el material que tradicionalmente se ha utilizado para este fin. En los EE. UU., el término arpillera se usa para describir este tipo de material. Esta tela estaba comúnmente disponible en las décadas de 1960 y 1970 y algunos artistas la usaban como material de respaldo para el arte textil. La artista chilena Violeta Parra (n. 1917, m. 1967), por ejemplo, a veces usaba yute como material de respaldo para atrevidos bordados de lana. Los bordados de Parra (a menudo denominados arpilleras) eran un híbrido artístico que mezclaba los temas convencionales del arte elevado (escenas históricas, religiosas y domésticas) con la estética rústica de la costura.

En 1973 el gobierno chileno fue derrocado en un golpe militar y esto condujo a los dieciséis años de dictadura. Durante la dictadura se persiguió a la gente de izquierda. 3200 personas fueron asesinadas o desaparecidas por la dictadura. En algunos barrios marginales, las familias de los desaparecidos comenzaron a hacer apliques sobre su experiencia de vivir bajo la dictadura. Estos apliques también se conocían como arpilleras. Fueron exportados por la Iglesia y vendidos en el extranjero para generar ingresos para las comunidades. La mayoría de las personas que crearon estas arpilleras eran mujeres. Se hicieron conocidos como arpilleristas.  Compositivamente las arpilleras son muy sencillas: representan escenas de la vida cotidiana y suelen incluir figuras de tela o muñequitos de tela, casas, montañas y signos de paz, como la paloma. A primera vista, las arpilleras originales parecen hechas por niños. Sin embargo, también son obras de arte narrativo, y sus sencillas composiciones suelen detallar abusos a los derechos humanos como desapariciones y torturas, así como otros ejemplos de las penurias vividas bajo la dictadura.  Algunas de las arpilleras originales contenían bolsillos. Los arpilleristas escribían notas a mano y las metían en estos bolsillos.  Muchos chilenos se exiliaron durante la dictadura y algunos de ellos también hicieron arpilleras como regalo para amigos o como una forma colaborativa de expresar la experiencia del exilio.

Después de la dictadura, la tradición arpillera continuó y los arpilleristas continuaron haciendo campaña por sus seres queridos desaparecidos. Arpilleristas individuales como Victoria Díaz se hicieron famosas por su trabajo. A fines del siglo XX, algunas de las arpilleras se volvieron menos políticas y más decorativas. La tradición continúa en el siglo XXI. Grupos como Memorarte, dirigido por Erika Silva y arpilleristas individuales como Cecilia Imaña, continúan usando esta forma de arte como una forma de hacer campaña sobre una variedad de temas de justicia social.  

Textiles Testimonios Colombianos 

Por Lorna Dillon e Isabel González Arango

Colombia tiene una rica historia de productos artesanales de fibra, pero fue recién en la segunda mitad del siglo XX que el arte textil colombiano comenzó a ser incluido en la historia del arte del país. Esta inclusión fue gracias al desarrollo de la industria textil, el reconocimiento de artistas como Olga de Amaral, Marlene Hoffmann y Graciela Samper, así como el interés académico, lo que llevó, a fines de la década de los 70, al desarrollo de programas universitarios de especialización textil. diseño. Estos cursos pusieron en diálogo el arte textil con la arquitectura y las tradiciones textiles artesanales.

Sin embargo, hay un fenómeno en la historia del arte textil colombiano que es particularmente notable y que diferencia el arte del país del arte de otras regiones. Este fenómeno es la proliferación de grupos comunitarios de costura que utilizan el arte del tejido para narrar, documentar, denunciar y sanar su experiencia del conflicto armado en Colombia.

El conflicto armado colombiano es complejo, por la pluralidad de actores históricos; las circunstancias de su origen y trayectoria continuada, y el hecho de que más de 70 años de enfrentamiento armado –con varios acuerdos de paz– ha dejado 48.000 personas desaparecidas; más de 270.000 personas muertas y casi ocho millones de personas desplazadas. En todo el país, individuos y grupos de personas utilizan el arte textil como una forma de narrar sus experiencias del conflicto. Los bordados, edredones, pancartas y apliques que crean, son llevados a los espacios públicos de diferentes maneras. A veces forman parte de campañas por el derecho a la verdad, la justicia, las reparaciones y el alto el fuego, y en ocasiones se utilizan en exposiciones de museos. También se utilizan en eventos políticamente impactantes, como conmemoraciones o ceremonias en las que los signatarios de la paz asumen la responsabilidad de algunas de las atrocidades del conflicto.

Se estima que hay alrededor de 48 grupos comunitarios de costura en el país. Los grupos utilizan diferentes formas de expresión como el bordado, la costura y el tejido. A menudo, los grupos de mujeres trabajan juntas para hacer textiles narrativos que adoptan la forma de tapices, edredones o pañuelos. Algunos trabajan solos en casa, luego se reúnen con otros en espacios colectivos. Esta experiencia social compartida es también una parte significativa de sus proyectos. Los grupos se conectan entre sí y con la comunidad internacional a través de eventos, exhibiciones y plataformas de redes sociales como Facebook. Han desarrollado ricas pedagogías produciendo textiles testimoniales, explorando el arte textil como lenguaje y herramienta para abordar conflictos.

Uno de los grupos, Mujeres tejiendo sueños y sabores de paz, ganó el Premio Colombiano de la Paz en 2015 por el desarrollo de metodologías que fomentan la resiliencia, el perdón y la reconciliación en su región. Otros grupos destacados son el Costurero de la memoria kilómetros de vida (Memory Sewing Group), el Costurero Tejedoras por la Memoria de Sonsón (Sonsón Memory Sewing Group) y el grupo Artesanías Choibá (Choiba Crafts). Muchos de los grupos están documentados en el Archivo Digital Colombiano de Textiles Testimoniales . 

Memorarte. 2017. Extracto del bordado Alegoría a Violeta Parra . Foto de Marcelo Aragonese
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